Texto: Rafael Malpica. Fotos: Alejandro Pérez Arteaga y México Ambiental
Zirahuen, Michoacán, México, 13 de noviembre de 2010, http://www.mexicoambiental.com.mx.- Los acontecimientos violentos de la semana previa nos obligaron a aplazar una expedición de pesca al lago de Zirahuen en el municipio de Salvador Escalante (cuya cabecera es Santa Clara del Cobre), muy cerca del lago de Pátzcuaro, en el estado de Michoacán. Y es que ese viernes 5 de noviembre, durante medio día, prácticamente toda la región del centro del estado estuvo paralizada por un enfrentamiento entre narcos y la Policía Federal que propició el incendio de una gasolinera, una intensa balacera, la detención de personas, y la quema de vehículos para bloquear las carreteras de los cinco accesos a Morelia, la capital.



Los científicos coinciden en que Zirahuen es un lago poco perturbado pero con un riesgo real de contaminación debido al crecimiento de asentamientos humanos cuyas descargas de aguas negras van a parar directamente al lago. El escurrimiento natural lleva pesticidas y fertilizantes de las huertas de toda la región que también van a parar a este lago que tiene una extensión de 266 kilómetros cuadrados, una profundidad promedio de 20 metros (la mayor se estima en 45 metros) y un volumen de 225 millones de metros cúbicos de agua.

De acuerdo a Patricia Rojas Carrillo del Instituto Nacional de Pesca y Leonardo Sasso Yada del Colegio de Biólogos de México, en Zirahuen interactúan las siguientes especies de peces: Charal (Chirostoma attenuatum zirahuen) pescado blanco (Chirostoma estor copandaro y Chirostoma humboldtianum), y especies introducidas como la carpa común (Cyprinus carpio), tilapia (Oreochromis spp), trucha arcoiris (Onchorhyncus mykiss) y lobina negra (Micropterus salmoides). Y habría entre una y tres especies más de goodeidos del centro de México y quizá endémicos de Zirahuen.



El plan de pesca de Alejandro consistió en lanzar ranas de superficie para provocar la embestida de las lobinas emboscadas en la maraña de raíces de grandes nenúfares, tules, y pastos acuáticos. Jonatán inició con un arreglo Texas con lombriz en color watermelon mientras yo trabajé un pooper de superficie. Después de una hora de pesca sólo tuvimos un par de strikes de Jonatán y Alex. La lombriz de Jonatán quedó a unos centímetros de la superficie colgando de una hierba y allí la atacó una lobina que infortunadamente no se ensartó. Un ejemplar pequeño de lobina acometió el popper y se trabó, pero después de recuperar línea cabeceó y también se zafó. Trabajé además con un par de spinnerbites en blanco y verde, y un rattle trap verde… y nada.

Minutos después Alejandro —por cierto un especialista en aves de humedal del Laboratorio de Fauna Silvestre de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo— nos hizo señas para escuchar el canto de una mascarita transvolcánica (Geothlypis speciosa), que es una especie endémica de Zirahuen en serio peligro de extinción. No vimos esta pequeña ave de color negro y amarillo pero la expectativa fue muy interesante.

Sin mayor fortuna, nos lanzamos a un punto de pesca en medio del lago, una zona de bajos donde Alejandro y Mario han tenido jornadas memorables. A lo lejos pude advertir que Alejandro lanzó su jig y trailer en azul para buscar lobinas a una profundidad de entre 8 y 14 pies. — Tráetelo despacito, con calma, me dijo el ya famoso Mr. Kayak mientras yo lanzaba igualmente un jig en café con trailer del mismo color. En otra caña monté en Waki un senko de 4 pulgadas en negro con panza blanca.
De inmediato, quizá al segundo lance, Alejandro gritó: — Ya está. Y sí, una preciosa lobina de poco menos de 800 gramos emergió del agua verde de Zirahuen. Tras las fotos de rigor, la devolvió. Más tarde comentamos que en la siguiente expedición llevaríamos un vivero para mantener los ejemplares capturados y regresarlos al terminar de “peinar” y “trabajar” la zona, pues muchos pescadores dicen que el chapoteo al devolver la lobinas espanta a las demás que se mueven de la zona.
Poco después sentí la líneas pesada de mi Waki e hice el strike. Como traía fluorocarbono de 13.5 libras, apenas pude contrarrestar la onda de la línea por lo que el strike no fue suficiente para trabar bien el anzuelo en el hocico de mi lobina. Sin mucho trabajo la acerqué a la inflable pero justo al querer levantarla Jonatán, ésta se zafó. —Pésima decisión no llevar la red, pensé. Al final me fui en blanco, pero Jonatán no…
Él había preparado un Gamakatzu 3.0 con una creatura que trabajó a fondo. Alejandro le gritó de inmediato: — Tráetela Jonatán. Mira nada más. Está buena. La Kistler medium de Jonatán se dobló y por un momento pensó que perdía su ejemplar ya que de inmediato se metió debajo de la embarcación. Con tranquilidad recuperó línea con la punta de la caña casi en la superficie del agua y, de pronto… decepción: Emergió una carpa que bien rebasó los dos kilogramos y medio que también devolvimos. Un poco desalentado Jonatán cambió a lombrices en verde y café.

Hacia las doce del día, la silueta del bote de aluminio de Mario Gutiérrez y Mario Jr. se vio a lo lejos. En un rato más estaban junto a nosotros. Después de los saludos de rigor, todos nos enfilamos hacia el rincón de Zirahuen que se conoce como Agua Verde. Allí Alejandro volvió a capturar otra lobina con un perrito que casi llegó a los 900 gramos y otra más de menor tamaño.

El Doc. Mario capturó allí tres lobinas de las que desconozco el peso y un par más, ya de regreso.
La expedición a Zirahuen fue completamente exitosa no sólo por las capturas de Alex y Mario en una época del año muy complicada pues la baja temperatura del agua induce un comportamiento aletargado de las lobinas. De hecho sólo cuando avanzó el día pudimos percatarnos del peculiar chapoteo del agua con los cabeceos de la Micropterus.

Ya de regreso a la orilla, los cuatro coincidimos en la necesidad practicar diferentes técnicas para aplicarlas en Zimapan donde el próximo año los dos equipos (y seguramente también Carlos y César Jimeno del Genoma Bass y quizá alguno más) participaremos en el serial Bassqro para conquistar nuestro pase directo al VI Campeonato Nacional de Lobina 2011 que seguramente se realizará en la presa El Salto de Sinaloa. Por lo pronto ya empezamos nuestras prácticas en Zirahuen para preparar estrategias de pesca hacia el serial. La próxima semana buscaremos golonas en Calderón.

Son casi las cinco de la tarde. Mario Gutiérrez y su hijo enfilan hacia Tacámbaro en la camioneta azul con la lanza empotrada en la caja, mientras la panza de los tres cruje de una manera peculiar. Tenemos hambre. Paramos en la principal carnicería del poblado de Zirahuen y nos abastecemos: Tres cuartos de kilogramo de carnitas frías, seis bolillos, 5 chiles en vinagre, tres coca colas en lata de aluminio y 10 pesos de un chicharrón grasoso pero delicioso. Lo limpio mientras los trozos de grasa blanquecina son capturados al aire por un perro flacucho y de mirada intensa.
Vamos de regreso a Morelia por la autopista Siglo XXI y son casi las seis de la tarde. El tráfico de vehículos es regular. La carretera está tranquila. Muy distinta a lo que aconteció justo aquí una semana atrás. Mientras escurre de los dedos de Alejandro un hilo de vinagre y se me derrama la espumosa coca cola que inmediatamente limpio con el antebrazo, pienso. ¡chi**** madre… que bonito es Michoacán! Y sí.
Es cuanto…







