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PAYARAS Y PAVONES EN VENEZUELA

PAYARAS Y PAVONES EN VENEZUELA

Por Christian Hampl. (Costa Rica)

 

 

Estimados Amigos: Con el permiso de ustedes, quiero contarles aquí, la historia de un viaje que realizamos a la Amazonia venezolana, en búsqueda de payaras y pavones.


Se trató de un paseo familiar, ya que fui junto con mi hijo Federico y mi primo Claudio, fue en febrero de este año, que aprovechando las vacaciones de verano, decidimos lanzarnos a esta aventura de pesca.

 

Coincidía a la misma vez, con la temporada seca en esa zona, el mejor momento para intentarlo, según los conocedores.


Llenos de alegría y entusiasmo, comenzamos en la pequeña ciudad de Puerto Ayacucho, pescando los famosos "chorros"(así le dicen los venezolanos a los rápidos) de Apure y Maipure en busca de payaras.

 

Esta zona del río Orinoco, es una  maravilla, y el estar ahí, confirmó lo que ya habíamos podido apreciar desde el avión al aterrizar: una verdadera "selva" de piedra con rápidos que caían de varios lados a la vez, y pozones, y otra vez rápidos. Algo extasiante, un derroche de naturaleza. Todo "tapizado" en piedra, para donde uno viera.


Payaras en cantidad, pero pequeñas, de 2 o 3 kgs., todas capturadas con casting a los pozones. Muy emocionante el momento que estas bichas agarraban la correntada y se ponía difícil el cobrarlas; con algunas pérdidas de señuelos lamentablemente. Una dificultad extra que se nos presentó en este lugar, es que solo habíamos llevado cañas y carretes de baitcasting, cuando este es un sitio ideal para spinning.
Nos faltó esa información, al momento de organizar todos los chunches para el viaje.


La otra "contra" que había en ese lugar, era la gran presencia de los ejércitos colombiano y venezolano. Paran a cada rato a los turistas para revisiones, siempre muy amables, pero también muy curiosos, sobretodo con los equipos de pesca.
Nuestra caja de señuelos causaba sensación, era la "estrella",ja,ja,ja y en forma obligada la tenían que ver desde el capitán hasta el último gendarme., púes, que por esto, y con la mente enfocada en buscar las "grandes", decidimos cambiar a otra zona, siempre en el mismo río.


Al sur de Pto. Ayacucho y sobre el mismo Orinoco, se encuentra la pequeña villa de Samariapo.


Hacia allí nos dirigimos por carretera, ya que los rápidos son inpasables por lancha río arriba. Precisamente esta corta carretera, que es la última de la amazonia, se construyó por este motivo. Después, todo el tránsito es acuático o por avioneta hasta la frontera con Brasil.

 

Cerquita de Samariapo se encuentran los rápidos de "Mantequero", no tan espectaculares como los otros, pero con pozones inmensos y profundos. Ideales para trolear las tan ansiadas payaras grandes.


Nada de soldados curiosos (ja,ja) ni de pescadores ocasionales. Un verdadero paraíso en el medio de la selva.


El botero que nos transportaba, un verdadero "gato" para sortear los rápidos, y nos iba transmitiendo mucha fe, de que lograríamos una buena pesca.


Por fin en el lugar, nos dedicamos exclusivamente al trolling con señuelos grandes y de profundidad, tal cual nos habían indicado. Nada de casting en Samariapo.
Mi hijo tuvo la suerte de agarrar la más grande, casi 7 kilos y medio con un Rapala mágnum 18 lomo azul atigrado. Esta es la foto.

 


Esta otra foto, es la del botero "gato" que les conté. Casualmente se llama Félix ja,ja,ja, Félix González


 

 

 

Aquí mi primo, mostrando los dientes de un bello ejemplar.

 


 

Federico con otra de 5 kilos y medio en la playita del lado colombiano del río.

 



Contra esos rápidos, como el que se ve en la foto anterior, es que acorrala a sus presas la payara. Un auténtico depredador con esos increíbles colmillos de su mandíbula inferior.


Las pequeñas dan espectáculo y brincan durante su captura, pero estas más grandecitas, más bien se hunden en la pelea.


Aquí los tres juntos, en el descanso del mediodía.

 


En Samariapo no sacamos mucho, tal vez 7 u 8, pero todas de buenos tamaños.


En la foto siguiente, una vista del pueblito de Samariapo con el jeep y la lancha que usamos para transportarnos.

 


Nos quedaba todavía la segunda parte del viaje y a la que teníamos planeado dedicarle más tiempo, la búsqueda de los pavones.


Elegimos el río Ventuari, afluente del Orinoco, y para llegar allá teníamos dos opciones: navegando en una lancha artesanal, equipada con hamacas, durante dos días o avioneta, una hora, hasta una pista de aterrizaje llamada Santa Bárbara. Optamos por esta última, en vista del tiempo y también que se hacía un poco riesgoso el tránsito acuático, por la guerrilla colombiana.

 

En Santa Bárbara vive muy poquita gente. Hay dos soldados que cuidan la pista de aterrizaje y algunas casitas y chozas.


Es zona totalmente indígena. Ahí conseguimos dos botes de aluminio para separarnos de mi hijo, que también pesca con fly casting, y necesitaba espacio.
Mi primo y yo, nos acomodamos bien en la misma lancha, para castear sin problemas.


En el Ventuari nada de trolling, primero porque no hay lugares muy profundos, y segundo porque sería un despropósito eso, frente al pique tan bueno que hay.


Arrancamos "enfiebrados" con unos amazon rippers que encargamos a Bass Pro y tuvimos buenas respuestas, sobretodo en algunas lagunas poco profundas.
Estos señuelos superficiales tienen propelas atrás, y son muy ruidosos al arrastre.
En el momento que uno para, y el señuelo se queda flotando, quietito, es que viene esa explosión fabulosa del pavón inhalándolo a flor de agua, sonido que se magnifica en el silencio de la selva. Algo increíble el pique de este pez.


En la foto siguiente, mi primo y un pavón capturado con un amazon ripper que se puede ver en su mano izquierda.

 



Con el paso de los días, y haciendo pruebas, empezamos a descubrir que los señuelos para el "walk the dog" que llevábamos en la caja, resultaban más efectivos que los amazon y los minnows comunes.


En este lugar, todo se puede resumir a dos ambientes: las correderas del río y las lagunas con aguas mas o menos quietas.


En los dos ámbitos, resultó mejor "pasear el perrito" y para todas las especies, pavones, payaras, sardinatas, etc.


Habíamos cargado algunos de estos en la caja, sin mucha fe, "por las dudas".
Suerte que los llevamos. Nos ayudaron a pescar más y siempre con la emoción de verlos "cazar" en la superficie.


En la siguiente, mi hijo con un pavón de 6 lbs.

 

 

En el Ventuari se pueden pescar tres variedades distintas de pavón.


El pavón blackstripe (Cichla intermedia), como el que tiene mi primo en la foto siguiente, habita exclusivamente en Venezuela, en el Orinoco y afluentes.


De estos, pescamos muchos, pero siempre pequeños. Creo que los de esta variedad no se desarrollan mucho. Como sea, los maestros de la pesca consideran que es el
pavón que pelea más, libra por libra

 



En la siguiente un pavón mariposa (Cichla ocellaris). De esta variedad no agarramos muchos, ni de tamaño grande. Ahora son los más lindos por su colorido; y la superficie ESTALLA cuando pican.

 


 

El de la próxima es el rey, el pavón rayado (Cichla Termensis) o sargento como se le conoce también.


Es del que hay más cantidad y más grandes.


Claudio con uno de 5 lbs.

 


 

Más fotos...

 



 

 

A continuación la estrella del viaje

 


De los señuelos para pasear el perrito, llevábamos Yozuri hidro mágnum, Rapala skiterwalk y unos de marca Excalibur.


El que más resultado nos dió fue el Yozuri. Más atractivo para los peces, anzuelos más fuertes y penetrantes. El Rapala y el Excalibur también pescaron, pero no tanto.


Creo que para este estilo de pesca, Yozuri supera a Rapala.
Como sea, a mi me gusta llevar variedad de marcas en mi caja de pesca y no aferrarme a una sola.


Con el citado Yozuri, mi hijo sacó el récord mundial infantil de Sardinata y
la payara más grande del viaje, salió con un Rapala 18 magnum.


Otro pez abundante en estas aguas, es la Bicúa, un depredador con muchos colmillos y muy agresivo.

 

 

 

Esta que viene es la sardinata, gran cazador de superficie.

 



La gente del campamento y los boteros, un capítulo aparte.
Excelentes en su afán por ayudar en todo lo que podían, sacrificados, y muy amables en todo momento.


Los boteros eran padre e hijo, indígenas de la zona, muy cordiales y grandes conocedores de los secretos del lugar.

 

 


Mi hijo casteando contra una orilla.


Al final no sacó nada con la mosca. Creo que le falta aprender mucho, para practicar el fly casting con éxito.


 

 

Mi primo con el recordboy y su sardinata.

 





Los pavones grandes resultaron mañosos y solo picaban con cajetas de 3/4 oz.


Federico con uno de 10 lbs.



Especulo con que estos peces tienen los ojos muy grandes cuando crecen, y por eso, se ponen tan selectivos con los señuelos. O tal vez sea por viejos, aunque esto lo dudo, porque no creo que en la laguna donde sacamos todos los grandes, haya pasado un señuelo alguna vez en la historia.

 
Claudio con otro grande, también con cajetita recogida a toda velocidad.


 

 

Lo siento por ellos, pero el más grande del viaje, lo saqué yo y pesó 12 lbs.

 


 

Espero que el relato les haya gustado.