Donde Pescar :: Lobineros de Michoacán en San Gil, Querétaro
 

Relato de pesca 3: Lobineros de Michoacán en San Gil, Querétaro
Texto y fotos: Rafael Malpica (las fotografías fechadas son de Adalberto Perusquía)

 

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La provocación fue inmediata:
— ¿A dónde vamos a pescar el fin de semana? Después de una intensa sesión de trabajo donde se revisó el proyecto de estatutos de la asociación civil Lobineros de Michoacán, ahora en una sede distinta pues amablemente Adalberto Perusquía y su esposa fueron nuestros anfitriones en su casa, algunos lobineros con más experiencia le dieron forma a lo que espera todo pescador: Organizar y definir una salida de pesca. Las prepuestas no fueron muchas y al final se decidió ir al club de golf San Gil, a unos minutos de la capital queretana, justo en el kilómetro 172 de la autopista México-Querétaro.

La salida se programó a las 5 de la mañana del sábado 7 de noviembre, y allí nos vimos: Rafael Rizo, el presidente del grupo; Miguel Lobato, Jesús Mora Sáenz, Shadi Ramos, Adalberto Perusquía y yo. Los seis nos trepamos a la camioneta de Adalberto y enfilamos hacia la salida a Salamanca. En el camino nos detuvimos a desayunar y dos horas después estábamos listos a deslizar el bote de aluminio de dos plazas, y botar un par de lanchas inflables.

El club de golf San Gil está rodeado por hermosas casas de descanso y canchas de tenis, y cuenta con una gran infraestructura de servicios y juegos infantiles. Al llegar hay que reportarse en la entrada y presentarse en las oficinas administrativas para registrar las embarcaciones (sólo de motor / troleador eléctrico), pagar 250 pesos por persona y… pasar inmediatamente al baño porque no está permitido “regar” los jardines ni “echar” más agua al embalse.

En su tipo, es el lago más grande de Latinoamérica, con una superficie total de 23 hectáreas y una profundidad promedio en el centro de 5 metros. San Gil, al paso del tiempo, se ha convertido en un micro ecosistema acuático con un singular equilibrio. Aquí coexisten plantas ornamentales y acuáticas, peces, seres humanos, y aves residentes y migratorias. De hecho, Miguel y yo apreciamos una falconiforme; por la distancia fue difícil precisar su especie, aunque por la actitud era evidente que se alimenta de los peces que, al morir naturalmente o por lesiones provocadas por la pesca, flotan en la superficie del lago. El embalse está sembrado con tilapia, carpa de Israel y, fundamente, lobina.

Excepto yo que apenas empiezo en la práctica de la pesca de agua dulce, el resto de los muchachos son expertos pescadores de lobina. Este hermoso pez de una tonalidad que va del negro al verde iridiscente e intenso, es conocido popularmente como lobina negra (Black bass en inglés), lobina de boca ancha, huro e incluso robalo, y cuyo nombre científico es Micropterus salmoides salmoide. Se distribuye naturalmente desde el sur de Canadá, Estados Unidos y Norte de México. De acuerdo a Gustavo Leyva (2004) del Instituto Tecnológico de Sonora la lobina se ha introducido exitosamente en estados como Oaxaca, Michoacán, Coahuila, Jalisco, Guanajuato, Sinaloa, Durango, Sonora, Puebla y Querétaro, por supuesto, y soporta una pesquería regular pues su mayor importancia es atribuible a la pesca deportiva.

Ya dispuestos  en la orilla del lago, sin más, Sáenz armó las parejas: Él con Shadi, Rafa Ruiz y Adalberto, y Miguel Lobato y yo.

Debo decir que con mucha paciencia, Miguel me enseñó a armar el señuelo de plástico con el arreglo Texas. En San Gil  —a diferencia de nuestro Umécuaro donde se utilizan con éxito las hawaianas, poppers, buzzbaits, paletones, jigs y cucharillas— se usan por lo regular plásticos suaves con diferentes arreglos: Jerkbaits o flukes, worms (lombrices) —súper eficaces aquí¬—, trailers con jigs, senkos (en mi caso Miguel me recomendó usar uno pequeño en verde y con arreglo Texas que fue sin duda muy efectivo en esta mi primera experiencia formal en San Gil), además de lizards (lagartijas), frogs (ranas), craws (langostinos) y creaturs que, en este caso, no llegamos a utilizar.

Desde un principio se notó la voracidad de las lobinas, no obstante la baja temperatura del agua. Hacia las 9  de la mañana (más o menos) estaba en casi 17 centígrados y al término de la jornada arriba de 19 grados.

Sólo la plática, los consejos y la paciencia de Miguel me permitieron aprender y practicar la técnica de casteo con caña desde la lancha. La verdad es que el espacio es reducido y entre guardar el equilibrio, evitar que se enrede el cordel y hacer que el carrete responda sin ensartar la caña en el cuerpo de mi compañero de pesca, pasó un buen rato hasta que pude, medianamente, empezar a pescar. Miguel hizo su parte y pronto capturó la primera lobina.

Pronto se vio que el Shadi y Sáenz empezaban una carrera para ver quién subía más lobinas a la otra lancha. Al cabo de la jornada perdieron la cuenta pero seguramente fueron más de 80 ejemplares entre los dos. Verdaderos especialistas, ambos, aunque bien habría de reconocer las cualidades de Sáenz que entre comer y lanzar, no pudimos identificar qué cosa hacía mejor.

Entre los Lobineros de Michoacán es bien sabido que con Sáenz como compañero de pesca todo puede pasar. ¡Y si no que lo diga Rafa Ruiz que en la anterior salida a Zirahuén simplemente su vehículo no quiso arrancar! ¿Adivinan quién era el copiloto? Pero ahora las cosas se dieron sin mayores contratiempos aunque, la influencia a distancia quizá (al menos eso especulamos entre sonrisas de complicidad), nos provocó una ligera inquietud pues a media mañana y justo en el centro del lago, nuestra lancha empezó a perder aire, lo que obligó a Miguel a mover el troleador para llegar de inmediato a la orilla en la zona del campo de golf. ¡Por un pelo nos salvamos de una buena mojada!

Así, luego de inspeccionar y verificar que no había pinchaduras ni rasgaduras en el hule, volvimos a inflar y ¡Listo! No sin antes aprovechar para relajar las piernas que ya casi no daban para mucho por la necesidad de tenerlas recogidas ante la falta de espacio.

Una recomendación fundamental para los equipos de pesca son los radios. Así,  con el sonar funcionando, Miguel pudo orientar a los demás sobre las áreas de concentración de lobina, la profundidad donde se encontraban y monitorear la temperatura, datos esenciales para diseñar el tipo de arreglo y señuelo.

En este caso no había mucha variación. Las lobinas se encontraban en el fondo por lo que los plásticos tenían que estar abajo. Con paciencia y ligeros movimientos, los peces encontraban los señuelos para devorarlos, algo que pudimos identificar por el tap tap característico.

Otra recomendación esencial aquí en San Gil (como en todo sitio de pesca prácticamente) es el protector solar o bronceador. Así como alguna golosina y un buen bote de agua, por no hablar de una caja de pesca con todos los implementos, y un par de cañas y sendos carretes. Importante también revisar la lancha y el acumulador, y subir a bordo, si se puede, un repuesto de éste, remos, ancla, asientos, pinzas y un trapo para dejar la mucosidad de la lobina allí (y su olor penetrante e inolvidable) y no en los pantalones. Si la lancha es de hule, lo mejor es llevar el piso rígido para lanzar parado. Y si no llevas un buen trapo, lo mejor es dejar la ropa fuera de casa para evitar los reclamos de la familia.

En este lago es posible pescar de noche. Sáenz y Shadi, que han estado en otras ocasiones, dicen que al ocultarse el sol es cuando se pueden utilizar los señuelos de superficie que nada más tocar el agua son virtualmente atacados por las lobinas.

Por esta vez, esa modalidad la dejamos pendiente.

Casi al final de la jornada Shadi cambió sus plásticos por un popper que fue atacado por una lobina de extraordinario tamaño. El ejemplar de cuerpo delgado pero “panzón”, pesó más de un kilogramo y medio, justa recompensa para el Shadi que, todos los lobineros michoacanos lo saben, es uno de los más entusiastas practicantes de la pesca deportiva.

Poco después de las 4 y media de la tarde las tres embarcaciones tomaron la orilla y nos dispusimos a levantar las cosas. Adalberto arrimó el remolque y con el malacate quedó en posición su lancha. Confieso que me resultó difícil dejar el lago y, de hecho, de último momento pude atrapar dos ejemplares más desde la orilla. Ya con todas las cosas encima y sin lobina alguna pues todas las regresamos (en el club Lobineros de Michoacán se práctica la modalidad de pescar y soltar), los seis tomamos los lugares en la camioneta.

Quiero agradecer en verdad la oportunidad de ser incluido en esta jornada de pesca porque me permitió aprender. Es una vivencia indispensable para entender la dinámica de un  grupo como el de los Lobineros de Michoacán. ¡Gracias!

El viaje de regreso sin contratiempos. La carretera entre Querétaro y Morelia estupenda excepto entre las poblaciones michoacanas de Cuto del Porvenir y Tarímbaro por las obras de remodelación. Una parada previa a cenar también nos permitió estirar las piernas y dar descanso a Adalberto que siempre estuvo al mando del volante. Rafa Ruiz se fumó el último cigarrillo del día y, para festejar mi momento, yo intenté con un pequeño puro Te Amo de Veracruz, aunque a decir verdad lo dejé de inmediato.

Cansados y asoleados, pero contentos, y con el penetrante olor a lobina hasta al hablar, pasadas las 11 de la noche llegamos a casa.

Morelia, Michoacán, 12 de noviembre de 2009
http://www.mexicoambiental.com.mx

 

 



















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jesus mora saenz
2 Mar. 10 - 11:46
Que buena salida y mejor el relato Rafa cabe mencionar que ese día es que con menos actividad tenían las lobinas hay mejores días aunque estuvo excelente.
Rafael Malpica
9 Mar. 10 - 01:20
Gracias Juan Antonio por la publicación de este que llamo relato de pesca. Es un honor. Gracias Sáenz por el post. La verdad es que fue mi primera salida en forma a pescar y la disfruté mucho. No sólo por la pesca, y las orientaciones, sino por la compañía tuya, del Shadi, Adalberto, mi tocayo Rafa y de Migue Lobato. Por cierto, debo aclarar que en la primera fotografía de portada que acompaña esta publicación, aparezco con una lobina de un tamaño apreciable capturada casi al final de la jornada por Shadi. El crédito es para él. Saludos.
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